Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora,
Que va en aumento hasta que el día es perfecto.
Proverbios 4:18

Quiero ser una persona que teme a Dios, es decir, vivir intentando sorprenderme del misterio de Dios y teniéndolo en cuenta en mi vida, como una realidad presente. Tratar de descubrir lo que significa vivir “en Cristo”, porque mi vida tiene sentido en la medida en la que encaja en el reino de Cristo y no al revés. Él es mi fuente en cuanto a cómo se tiene que vivir la vida. Quiero saber lo que es vivir en sintonía con el Espíritu Santo, conocer lo que apaga su fuego y buscar su plenitud, es decir saber dejarme llevar por él. Asumo las cosas que no están en mi control.

Quiero ser una persona dependiente de Dios y de otros. Reconocer mi valía por lo que Dios piensa de mí y no por lo que dicen los demás. Por eso no procuro no compararme, no envidiar lo que tienen otros y  alegrarme de cuando Dios regala a los demás, sin preguntarme si se lo merecen o no. Dejo a Dios la decisión de a quién y cómo da.

Sé que necesito ayuda. Me esfuerzo en ser transparente. Sé someterme a otras personas y a Dios. Soy una persona que tiende a la obediencia y no a la rebeldía. Por eso, he dejado de luchar para defenderme continuamente ante los demás. Quiero ser capaz de renunciar a todos mis derechos, de entregarme con sabiduría y no hacerlo por temor, sino voluntariamente, lo que  requiere valentía. Esto implica que vivo en comunidad más que en individualidad, sirviendo y no consumiendo.

He dejado de conseguir las cosas por mí mismo, lo que no quiere decir que haya dejado de esforzarme. Sino que reconozco que las cosas me son regaladas y sé aceptarlas con alegría. También sé desprenderme de mis posesiones. Sé dar el justo valor a las cosas materiales y a mi propio cuerpo. Busco ser una persona que ama, que dé libertad a las personas, sin tratar de manipularlas a través de la culpa, el miedo o  el poder. 

Procuro la integridad moral en mi vida, aprendiendo a reconocer las tentaciones y a enfrentarme a ellas con la ayuda del Espíritu y de la iglesia. Por ello soy vulnerable y no me cuesta ser transparente. Soy consciente que vivir ocultando mi vida es la forma más eficaz de que el mal me domine. Por eso rindo cuentas y confieso mis pecados, no para obtener perdón de Dios sino victoria sobre él. Me comprometo a compartir a otros la vida que Dios ha puesto en mí, para que otros tengan la oportunidad de abandonar una vida sin Dios y sus consecuencias.

Foto de Cynthia Magana en Unsplash