Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
Mateo 7:7

Vivimos en un mundo en el que las cosas se exigen. Si bien el sistema de derecho tiene su sentido y es muy útil cuando abunda la injusticia, lo hemos convertido en una norma de vida que nos lleva a asumir que lo mejor que podemos hacer es reclamar y defendernos siempre. Jesús enseña otro camino, el del pedir y dar. Es una alternativa a la del reclamo y el juicio (7:1-5). El juicio, lo que consigue es una respuesta de defensa y contraataque (7:6). El pedido, sin embargo, puede romper la dinámica conflictiva que sentimos cotidianamente.

¿Qué es pedir? Con ello me refiero a que expresamos el deseo de que alguien nos conceda algo voluntariamente. Lo hacemos siendo consciente de la libertad que tiene el otro para rechazarlo y que si lo hace, aceptaremos su negativa y  no recibirá ningún tipo de repercusión, ni física, ni emocional, ni relacional.

Es cierto que existen muchas situaciones en la vida en la que pedir de esta manera no va a ser posible ni conveniente, sobre todo si la integridad personal de otras personas está en juego. Pero en otras tantas sí será lo mejor. De hecho es el pecado lo que hace necesario que en momentos tengamos que exigir y defendernos. Pero ¿qué sucedería si empezáramos a manifestar una vida pidiendo y dando libremente? Piensa detenidamente en estas ideas breves:

  • Fomentaremos un vínculo de amor, porque el pedir tiene que ver con relaciones;
  • abundaremos en la experiencia de recibir como parte de la vida, lo cual es más pleno que conseguir;
  • disminuiremos nuestro egoísmo (“mío, mío”) y nuestro egocentrismo (“yo primero”);
  • pensaremos más en el otro, al tener en cuenta en cómo le afectará a esa persona el que nos dé lo que le solicitamos;
  • ejercitaremos la confianza mútua y estimularemos la bondad en el otro, porque estaremos comunicando que suponemos en el otro la suficiente bondad para atendernos;
  • practicaremos el agradecimiento cada vez que recibamos;
  • por último en esta lista, aunque podríamos seguir describiendo beneficios, impulsaremos la generosidad y el cuidado unos de otros.

Claro que cualquiera de nosotros pensará que esto es un riesgo, ya que nadie nos garantiza recibir e incluso podrían abusar de nosotros, y en parte lo es. Pero si queremos influenciar para que Dios transforme nuestra propia vida y que otros perciban la vida en Dios, Jesús mismo nos anima a ser activos en ello, empezando a hacer nosotros aquello que deseamos que hagan los demás (7:12).

Piensa en Cristo y en lo que significa el evangelio. ¿No mostró con su vida esto que enseñó?

Foto de Anastasia Zhenina en Unsplash