Alabad el nombre de Jehová;
Alabadle, siervos de Jehová;
Los que estáis en la casa de Jehová,
En los atrios de la casa de nuestro Dios.
Salmo 135:1-2
Es curioso ver dos cosas complementarias sobre Dios. Dios crea, redime y hace el gesto de establecer un lugar en donde vivir con su pueblo. La encarnación de Jesús fue un acto que hizo más patente ese acercamiento, por eso escribió Juan: “y la palabra (haciendo referencia a Jesús) se hizo hombre y habitó entre nosotros”. Esta frase expresa claramente que puso su lugar de residencia entre los humanos.
Pero la forma de habitar de Dios no quiere ser intrusiva. Así que tiene el otro lado de la moneda. Una vez que pone su casa entre nosotros, nos invita a que le “vayamos a ver”. Dios es un Dios que acoge. Es parte de su propia naturaleza. Digámoslo de esta manera, él tiene deseo de “recibir visitas”.
Si estamos llamados a ser como fue Cristo, a reproducir la imagen de Dios en nosotros, ¿no será que nuestras casas no deberían ser un santuario para nuestra exclusiva intimidad, sino también un lugar de acogida? ¿No será este gesto una forma importante de las que tenemos de reflejar a nuestro Dios?
Foto de Andrew Neel en Unsplash
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