Introducción

Jeremías fue un profeta nacido en medio de una sociedad ya decadente. Le toca no advertir, sino confirmar la derrota. Jeremías dedica poco espacio a llamar al arrepentimiento para evitar un desastre, más bien le toca enseñar a cómo lidiar con el desastre que ya es irremediable.

Una parte principal del libro es la lucha entre él, los reyes, el sacerdocio (aunque casi no se menciona) y los profetas. Jeremías anuncia que la invasión de Babilonia es irremediable y lo mejor que pueden hacer es rendirse y no luchar contra ellos. Pero los líderes no quieren asumirlo y prefieren ofrecer resistencia, creyendo falsamente que Dios está con ellos. Siempre habían sido el pueblo de Dios, pero no era así. Dios mismo era quien estaba permitiendo y dirigiendo esa invasión.

Por este enfrentamiento es encarcelado varias veces por su mensaje desmotivador. Pero varias personas lo protegen y puede escapar de la muerte.

Finalmente ocurre el desastre que estaba anunciando. Israel es invadido por Babilonia, muchos son llevados a tierras lejanas. Jeremías incluso les escribe cartas para que estén tranquilos allí, se establezcan en paz y que procuren el bien de la tierra en la que están (Cp 29). Jeremías se queda en Israel, pero a otro grupo se le mete en la cabeza el huir a Egipto por temor a otra invasión. Jeremías nuevamente les dice que no, que Dios les dice que se queden en Israel y que vivirán tranquilos, pero tampoco lo creen. En este caso se van a Egipto, pero además llevándose a la fuerza a Jeremías.

Resumen: Jeremías es una persona que en contacto con Dios ve una realidad que no es agradable para su pueblo. La palabra de Dios le seduce, le es amarga y dura, lucha con ella y decide finalmente comunicarla al pueblo (cp 20). Por ello recibe de su pueblo y de sus dirigentes el rechazo. Le toca decir cosas duras no agradables como lo que tenemos este versículo. El pueblo que había recibido su ley, resulta que no conocían a su Dios. Sabían cosas de él, pensaban que vivían bajo su protección, pero estaban lejos de ello.

El contexto inmediato

La primera parte del libro de Jeremías es quizá la única en la que aún parece que hay esperanza para Israel. Aún se conserva algo del llamamiento al arrepentimiento, sin embargo también se dice que éste no va a llegar:

Si te volvieres, oh Israel, dice Jehová, vuélvete a mí. Y si quitares de delante de mí tus abominaciones, y no anduvieres de acá para allá, 2 y jurares: Vive Jehová, en verdad, en juicio y en justicia, entonces las naciones serán benditas en él, y en él se gloriará
Jeremías 4:1-2

Contraste: En vez de ser destruido por las naciones aún Dios les deja la oportunidad de ser bendición para las naciones como había dicho a Abraham.

Sin embargo, Jeremías reconoce que eso no va a suceder. El capítulo 8 describe a una nación rebelde que no quiere arrepentirse:

4 Les dirás asimismo: Así ha dicho Jehová: El que cae, ¿no se levanta? El que se desvía, ¿no vuelve al camino? 5 ¿Por qué es este pueblo de Jerusalén rebelde con rebeldía perpetua? Abrazaron el engaño, y no han querido volverse. 6 Escuché y oí; no hablan rectamente, no hay hombre que se arrepienta de su mal, diciendo: ¿Qué he hecho? Cada cual se volvió a su propia carrera, como caballo que arremete con ímpetu a la batalla.
Jeremías 8:4-6

Cuando se pierde la capacidad de reconocer los errores de un pueblo se entra en una espiral hacia el fondo difícil de salir. Mientras existan hijos pródigos que puedan reconocer el mal camino que tomamos la esperanza estará presente. En la medida en la que nos agarramos a vivir engañados y no ver nuestro propio mal y no reconocerlo, es como un caballo desbocado en una guerra que se dirige hacia la muerte. 

En estas circunstancias, ¿qué hace Jeremías? Pues hacer gala de su fama, llorar y lamentarse.:

Oh, si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo!

¡Oh, quién me diese en el desierto un albergue de caminantes, para que dejase a mi pueblo, y de ellos me apartase! Porque todos ellos son adúlteros, congregación de prevaricadores.

Jeremías 9:1-2

Se lamenta porque Israel está lleno de mentiras y de desconfianza, y es la evidencia de que no conocen a Dios (v.6). Describe entonces en qué consistía su necedad: en no seguir su ley y en confiar en lo que su corazón decía (v.12-14).

Tres fuentes de alabanza equivocadas (v.23)

Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas.
Jeremías 9:23

¿En qué me alabo? Aquí tenemos tres aspectos de la vida que desde que el hombre es hombre, nos permiten pensar e incluso hablar bien de nosotros mismos. Pero no tienen que ser las únicas. 

En Israel aún habría ricos y fuertes. Y también había sabios, profetas, sacerdotes. No creo que los reyes y su corte fueran gente tonta y torpe. Seguro que eran gente muy sabia, y con una buena formación lógica y tendrían estrategias para afrontar una guerra. Algunos tendrían las tres cosas juntas y podría ser triplemente alabado. 

Y todos ellos habrían aprendido algo de teología o de los rituales que se tenían que hacer en el templo. Todos ellos tendrían que ser precisamente personas que por su lugar tenían más posibilidades de conocer a Dios. Al menos bajo nuestros preceptos lógicos. El rey tenía que tener una copia de la ley en sus manos, los sacerdotes también y vivían realizando rituales que representaban.

¿En qué nos alabamos a nosotros mismos? ¿Donde es donde obtenemos valor y esencia que está fuera de Dios?

El caso es que cualquier cosa que pongamos como motivo de valor como persona, puede incluso ser un impedimento para conocer de verdad a Dios. Si damos pie al orgullo, nos alejamos de él. Cerca de él sólo se puede estar desde la humildad.

Es algo que podemos ver como bastante natural porque pasa igual entre nosotros. Si tratas de conocer a una persona desde el orgullo y la altanería, es algo que no es posible. El orgullo y altanería lo que hacer es imponer nuestra persona al otro, así que no le conocemos, sino que nos mantenemos en estar centrados en nosotros mismos. La propia actitud de “mira qué bueno soy”, nos ciega para ver al otro, y por supuesto a Dios. 

Una mejor fuente de alabanza (v.24)

Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.
Jeremías 9:24

Reconocer que es Yahveh: “que yo soy “el que soy”. YHVH.

    Conocer a Dios es un tema importante en Jeremías. Dios se queja de que ni sacerdotes, ni reyes, ni profetas le conocieron (2:8) y además promete dar a su pueblo un corazón que pueda hacerlo (24:7). Este conocer no es saber cosas sobre él, sino más bien un reconocerlo como Dios.

    Tengo un libro que su título me ha hecho mucho bien: Dejad a Dios ser Dios. Desde el inicio de la creación hemos tratado y tratamos de meternos en sus asuntos como si nosotros fuéramos Dios. Estableciendo lo que está bien o no, lo que es mejor, o tratando de encontrar por nosotros el significado de la vida fuera de él.

    Cada mañana que nos levantamos, nos invade el resto del día. Y puede ser interesante que según pongamos los pies en el suelo, nuestra mente diga: “este es el día que has hecho, ¿qué quieres de mí hoy? Ayúdame a ver qué estás haciendo en mí y a través de mí.

    De forma más detallada, podemos pensarlo con nuestro propio cuerpo. Al bañarnos, al comer, poner en la mente que este cuerpo es de Dios, no tanto mío, le reconocemos como dueño de mi cuerpo y lo trato y entrego teniendo eso en cuenta. 

    “ni presentéis los miembros de vuestro cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.”

    Romanos 6:13

    Conocer a Dios no es una cuestión de saber de su existencia, sino de asumir el rol que tiene como Dios, desde creador, responsable, dueño y cuidador.

    Conocer su mano obrando

      El texto refiere tres características de la obra de Dios entre nosotros:

      • Hesed: o el amor comprometido. Es el amor que surge de Dios, comprometiéndose a buscar nuestro bien.
      • Mishpat: es a Dios estableciendo lo que es bueno y lo que es malo, en ese sentido es el juez. Es quien establece lo que está bien y lo que está mal.
      • Tsedaqah: se refiere en vez de su actividad como juez, su actividad como gobernador. Mientras que un juez actúa casi después de que algo ha pasado, el gobernador actúa favorablemente y activamente para que se lleve a cabo lo bueno para su reino.

      Lo que me pregunto ¿estamos dispuestos a reconocer la mano de Dios alrededor nuestro? 

      Tengo un amigo con quien hablo de música. En alguna ocasión me manda alguna canción y me pregunta: mira a ver si reconoces quién es. El caso es que después de escuchar a varios guitarristas, llegamos a diferenciar los estilos y sonidos tanto de las guitarras que usan y de la forma de tocarlas. En ocasiones acertamos, en otras no, pero vemos que hay un estilo similar.  En este caso esto es sólo una cuestión de conocer algo de música (y yo conozco poco). 

      Pero todos sabemos que esto es posible, saber si detrás de algo que se ha hecho o ha sucedido está la mano de una persona o no. 

      Dios obra en medio de nosotros y creo que es posible ver su mano. Pero esto sólo es posible desde una relación estrecha y continua con él, en la que él mismo quiere mostrarse a nosotros. 

      En tercer y último lugar, conocer a Dios es reconocer lo que le agrada

        Y querer agradarle. No nos sale de forma tan natural renunciar a nuestro propio agrado para vivir con la mente queriendo agradar a Dios. Dejar a Dios ser Dios y reconocerlo es que cada mañana uno pueda vivir con el pensamiento en la cabeza no sólo de obedecer y de buscar su voluntad, sino de desear lo que a él le agrade.

        Siento ser tan repetitivo a veces, pero creo que a Dios no le agrada simplemente que “no pequemos”, al menos tal y como lo entendemos muchas veces, mirando qué está bien y qué está mal. Sino es la búsqueda de que Dios esté contento.

        Lo podemos mirar de esta forma más clara. Cuando Jesús se bautizó, se escuchó la voz de su padre diciendo: “Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17). Estamos seguros que la complacencia de Dios por su hijo no era solo porque se portaba bien. Sino que lo miraba y se agradaba sólo con verlo, por todo lo que era en su cuerpo y en su alma.

        A modo de ejemplo

          La semana pasada estuvimos muchos de los jóvenes en un campamento. Al terminar, muchas me ha preguntado, ¿cómo fue el campamento? Y la tendencia es decir “bien”. 

          Pero ¿qué significa que el campamento va bien? Bueno, hubo conflictos entre campistas, hubo algunos accidentes, los chicos parece que no se durmieron mucho en los estudios. 

          Pero estos días me he preguntado, ¿pero he visto a Dios obrando en medio de nosotros? ¿Qué ha hecho Dios? ¿He estado atento a las cosas que él ha podido estar haciendo? ¿He pensado y buscado ver su misericordia y su gobierno en medio de todos nosotros? ¿Creo que él se ha agradado de este campamento?

          ¿Hay un riesgo de enorgullecerse?

            ¿Hay riesgo de enorgullecerse cuando Dios dice que si algo en lo que nos podemos alabar es en conocerle a él?

            Realmente no hay ningún riesgo. Claro que hay riesgo de enorgullecerse de saber mucha teología, de creerse más listo que otros. Pero si vemos a lo largo de todas las historias bíblicas lo que sucede cuando uno se acerca de veras a Dios, lo que notamos es que todos agachan la cabeza y mantienen una actitud de humildad.

            Volvemos como empezamos: no es posible mantener el orgullo en su presencia. Dios nos coloca en nuestro sitio cuando de verdad le buscamos.

            De hecho la presencia de Dios es tan abrumadora que si nos la mostrara de forma completa no lo podríamos soportar, literalmente y caeríamos muertos ante él. Por eso nos la va mostrando en la medida en la que somos capaces de verle, de gloria en gloria.

            ¿Deseas conocer a Dios de verdad? Espero que sí y te animo y me animo a que Dios me abrume, me humille y me conceda el regalo de su persona. Yo quiero recibirle.

            Incircunciso de corazón (v.25-26)

            He aquí que vienen días, dice Jehová, en que castigaré a todo circuncidado, y a todo incircunciso; a Egipto y a Judá, a Edom y a los hijos de Amón y de Moab, y a todos los arrinconados en el postrer rincón, los que moran en el desierto; porque todas las naciones son incircuncisas, y toda la casa de Israel es incircuncisa de corazón.

            Jeremías 9:25-26

            La circuncisión era un ritual que señalaba: este pueblo está separado para Dios: son míos y viven para mí.

            Pero la idea de circuncidar el corazón es antigua. Ya estaba escrita en el libro de Deuteronomio. El libro de deuteronomio habla mucho del corazón. En 10:15-17, menciona que Israel fue un pueblo escogido, separado para Dios y les advierte “circuncidad el prepucio de vuestro corazón”. Les anima a no ser duros de mollera, sino dóciles, un pueblo que reconoce a su Dios y le obedece.

            ¿Por qué el corazón? Porque el conocer a Dios y vivir para él es algo que surge de dentro hacia fuera. Y en Jeremías más adelante, se promete que él mismo es quien promoverá ese cambio en nosotros, el nuevo pacto.

            Conclusión: Gloriarse en el Señor, en la cruz de Cristo

            Pablo recoge en dos ocasiones este pasaje y lo usa para escribirle a la iglesia de Corinto. Una iglesia, por otro lado, que presumía de tener muchos dones, de ser sabia. Sólo vamos a ver uno de ellos: 

            22 Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; 23 pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; 24 mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. 25 Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. 26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia. 30 Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; 31 para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.

            1 Corintios 1:22-31

            Dios se reveló de forma aún más perfecta que la ley en la persona de Jesús. Él es la imagen perfecta del padre. Jesús mismo enseñó que si queremos conocer al padre, lo podemos hacer a través de él.

            Pablo lo entendió, y veía en Jesús toda la sabiduría, y la veía en la misma cruz. Entendió que generalmente la sabiduría que nos ofrece la sociedad se puede convertir en un obstáculo para conocerlo o que al menos la sabiduría de este mundo no encaja bien la vida en Dios.
            Es en Jesús mismo donde está ese conocimiento y es entonces que cita a Jeremías: “el que se gloríe, gloríese en el Señor”. ¿Por qué podemos sentirnos valorados? Porque estamos unidos a Cristo, porque al ser Cristo adorado, él comparte su gloria con nosotros. Como dice a los de Colosas: cuando él se manifieste, también vosotros seréis manifestados con él.

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