Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.
Juan 15:13
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Comprometerse o darse
El compromiso en sí mismo, no es bíblico. En el Nuevo Testamento no se anima a nadie a comprometerse con alguna causa. De hecho, la palabra en sí no está presente. Sí hay tres ideas similares: la de prometer algo (epangéllomai y hupischnéomai), la de dar o entregar (paratíthēmi y paradídōmi) o la de poner la vida (Juan 10:18; 15:13).
Diferenciando
Cierto es que se puede usar la palabra “compromiso” con un sentido de entrega o promesa. Sin embargo, puede que sea frecuente que la utilicemos de una forma equivocada. Comprometerse puede significar tan sólo una cuestión de cumplir con alguna actividad o institución. Así, valoramos la fidelidad de las personas conforme a conductas externas, como la asistencia a algún lugar (iglesia) o la participación en sus actividades o en su proyecto. Es en este sentido, que una generación puede mirar a las siguientes generaciones quejándose de que no se hayan implicado tal y como ellos recuerdan que hicieron cuando tenían su edad. Acerca de esto, algo que tenemos que tener en cuenta es que Pablo advirtió que podemos ser capaces de acometer grandes compromisos y que todos ellos hayan sido irrelevantes para Dios, porque se han hecho vacíos de amor (1 Corintios 13). Así podríamos, con nuestra queja, confundir a los más jóvenes y conducirlos a este tipo de conductas vacías y carentes de beneficio espiritual
Por tanto, puede ser que uno de los factores de la pasividad que estamos viendo no sea su incapacidad o falta de interés en comprometerse, sino que no ven en las actividades y el proyecto de iglesia algo interesante por lo que entregarse. Con toda seguridad sí quieren entregarse a algo y es ahí donde tenemos que presentar a Cristo, su persona y su propuesta real como algo por lo que vale la pena incluso morir. Tanto las generaciones nuevas como las anteriores quieren apasionarse por algo lleno de significado. Lo que ha podido pasar es que se haya fallado en presentar lo impactante y real de la vida en Cristo (porque tampoco se ha vivido).
La entrega, o poner la vida, implica amar. Uno se entrega cuando entiende que algo es tan importante que le conduce a renunciar a sí mismo en favor de aquello que le apasiona. La entrega es más que cumplir. El compromiso, entonces, no es que sea malo en sí mismo, pero va a tender a quedarse corto, a convertirse en un esfuerzo personal alejado de la pasión que lo tenía que haber iniciado.
Abriendo puertas hacia la entrega
¿Estamos viendo como iglesia que Cristo es tan apasionante que uno está dispuesto a entregar su vida por él? Antes de apuntar con el dedo y acusar de falta de compromiso, quizá deberíamos mirarnos nuevamente a nosotros mismos y hacernos varias preguntas: ¿qué es lo que deseo de los jóvenes, que continúen unas actividades? ¿busco, más bien, el deseo de Dios de tener vidas entregadas a Cristo porque se han deslumbrado con su luz? ¿Dónde pongo mi esfuerzo en acusar la pasividad o en cautivarlos con la vida de Jesús?
Parte de nuestra reflexión tendrá que ser si mi propia vida refleja esa pasión en donde otros puedan ver que vale la pena entregarlo todo por él.
Foto de Shawn Augustine en Unsplashv
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