Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan,
Y digan siempre los que aman tu salvación:
Engrandecido sea Dios.
Salmo 70:4
La vida en el reino de Dios es una invitación al gozo. Ésto no tiene que ver con la búsqueda de sensaciones de jocosidad o diversión, sino de la experiencia de la vida plena. Soy consciente de que estas frases pueden no significar nada, sólo palabras. En parte, porque no es sencillo describir “el gozo pleno”, como tampoco lo es transmitir en ideas el sabor de un alimento.
Sin embargo, muchas personas que han tenido la vivencia de ver cómo Dios se ha mostrado “salvandole” de situaciones que le sobrepasan, expresan que el gozo es un efecto que viene de la mano.
El rey David, quien compuso este salmo, lo sabía. Él anima o más bien desea y ruega a Dios para que quienes viven su salvación puedan descubrir ese gozo. Esto lo tiene presente cuando lo que él sentía era precisamente dolor y cuando no se veía con recursos para afrontar su situación (v.5).
Pensado en ello, reflexionaba en mis oraciones a Dios por las personas que están en una situación de sufrimiento o incluso por mi mismo. Quizá mis peticiones están limitadas, porque sólo me centro en la superación de las dificultades, y no en aquellas cosas que Dios quiere dar junto con su intervención.
Claro que puede que eso no cambie sustancialmente el “resultado” de nuestras oraciones (o sí), pero esta forma más rica de orar puede que sí mejore poco a poco la imagen que tenemos de Dios y su salvación, enriqueciendo personalmente y como iglesia la experiencia del gozo.
Foto de Catalin Pop en Unsplash
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