“El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:6-7).
A veces pensamos que Dios nos busca porque «le faltamos» o porque se siente solo, pero la realidad es mucho más asombrosa: Dios no necesita nada de nosotros. Él ya era infinitamente feliz y completo mucho antes de que existieran las estrellas o el tiempo mismo.
Entonces, si no nos necesita para nada, ¿por qué se tomó la molestia de crearnos y buscarnos?
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De lo más grande a lo más pequeño
Imagínate esto: el Dios que sostiene las galaxias y que es tan grande que no alcanzamos a comprenderlo, decidió hacer algo de locos: se hizo uno de nosotros.
Pero no llegó como un superhéroe, sino de la forma más frágil posible: como un bebé. Jesús, el Hijo de Dios, no se saltó ninguna etapa; vivió nuestra fragilidad desde que era una célula hasta que fue un adulto. El que creó la luz tuvo que aprender a hablar, y el que sostiene el universo aceptó depender de los cuidados de una mujer para poder vivir.
No es una religión, es una relación para el día a día
Si Dios es tan grande que puede seguir siendo Dios perfectamente sin nosotros, ¿por qué pasar por todo eso y terminar muriendo en una cruz?
La respuesta es que te quiere en su vida. Y ojo, no te quiere solo para que le ores cuando las cosas se ponen feas o para que te acuerdes de Él un rato el domingo. Lo que Dios busca es algo íntimo y duradero.
Él quiere que vivas con Él «en equipo»:
- Que sea la primera persona en la que pienses al levantarte.
- Que te lo lleves a trabajar contigo, compartiendo tus decisiones y tus tareas.
- Que sientas su presencia constante en todo lo que haces.
Jesús se entregó para abrir un camino de regreso al Padre, no para que tengamos un simple seguro de vida, sino para que tengamos un compañero constante. Prefirió sufrir Él antes que perderte a ti para siempre.
¿Qué vas a hacer con esta invitación?
Todo esto es una invitación personal. Dios ya dio el primer paso: acortó la distancia entre el cielo y la tierra para encontrarse contigo.
Ahora la pregunta es si tú quieres dejarle entrar en tu rutina. Responder a ese amor significa:
- Sincerarte con Él: Reconocer que hemos intentado ir por nuestra cuenta.
- Confiar: Creer que Jesús murió y resucitó para darte una vida nueva y una relación real.
- Caminar juntos: Entregarle el control y empezar esa relación que Él lleva soñando contigo desde antes de las estrellas.
Si el Dueño del universo se hizo así de pequeño para poder estar a tu lado en todo momento… ¿cómo vas a responder hoy a su amor?
Foto de Michal Bar Haim en Unsplash
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