Mis huidas tú has contado;
Pon mis lágrimas en tu redoma;
¿No están ellas en tu libro?
Salmo 56:8

Jesús enseñó que Dios tiene contados todos los cabellos de nuestra cabeza (Lc 2:7). Y si tiene presente algo que en principio es tan banal, ¿cómo no va a conocer cada una de las cosas que nos han hecho daño?

Podemos aceptar que la idea de que Dios recoge cada lágrima y la guarda en algún tipo de recipiente, algo parecido a un odre, es una imagen. Sin embargo, su fuerza como metáfora está presente. Refleja la realidad de la importancia que Dios le da a cada sufrimiento y dolor que soportamos. Él no sólo nos presta atención como personas que somos, sino a cada hecho que nos acontece y que provoca nuestras emociones. 

Sin embargo, reconocer que Dios está de alguna forma asumiendo todo ese dolor no implica para el salmista, ni para nosotros, que Dios lo haga desaparecer de forma inmediata. Él aprendió a convivir con el sufrimiento manteniendo la confianza en Dios (vv.4 y 11) y en que en el futuro le reivindicaría.

Thomas de Kempis escribió sabiamente: “si sabes callar y sufrir, sin duda verás el favor de Dios. Él sabe el tiempo y el modo de librarte, y por eso te debes ofrecer a Él” (Tomas de Kempis, Imitación a Cristo. Libro Segundo, Capítulo 2.1.). 

Es probable que gran parte de los problemas del ser humano, de la iglesia y de muchos cristianos, esté en no saber vivir confiando en medio del dolor y de la incertidumbre. No sabemos gestionarlo ni convivir con él presente, buscando alivio o soluciones fuera de Dios mismo. La Biblia nos anima a afrontar todo ello en la presencia, confianza y esperanza en Dios.

Foto de Pete F en Unsplash