Venid, oíd todos los que teméis a Dios,
Y contaré lo que ha hecho a mi alma.
Salmo 66:16
Contenidos
Testificar
En algunos pasajes bíblicos, la idea de ser testigos está representada por ser el objeto de lo que Dios ha hecho con nosotros como pueblo o como persona. Por ejemplo, en Isaías 43 Israel era testigo a las naciones porque Dios lo haría regresar a la tierra prometida desde Babilonia. No era una cuestión de que tenían que hacer algo para reflejar a Dios, sino que Dios haría algo por ellos que los de más reconocerían que la mano de Dios estaba detrás.
La idea en este texto es similar. Dios ha hecho algo a nuestra vida (incluye tanto el interior como el exterior de nuestro ser). Y ésto podría verse y podría contarse.
Lo que Dios ha hecho dentro de mí
En ciertos momentos, cuando queremos hablar de lo que Dios ha hecho en nosotros ponemos la mira sólo en aspectos externos: alguna sanidad, nos ha sacado de un apuro, hemos conseguido un trabajo o ha mantenido vivo nuestro matrimonio. Entendemos que Dios ha hecho cosas que si no fuera por él no hubiera sucedido, y esto es cierto.
Pero ¿y qué ha hecho dentro nosotros? En ocasiones he pensado que es más difícil cambiar a una persona en su interior, en su alma, que arreglar alguna parte de su cuerpo o de sus circunstancias.
Compartiendo
Qué hermoso que pudiéramos decir también: Dios ha eliminado la queja, él ha quitado muchos miedos, ha germinado nuestra compasión hacia los demás en mí, se ha llevado el deseo de usar a los otros y de manipularlos, ya no tengo que ejercer el control y ha quebrantado mi orgullo. Es decir, resumiendo, podríamos decir que Dios ha hecho que ya no piense tanto en mí, sino en él y en los demás, me ha trastocado la forma de pensar, de sentir y por tanto de reaccionar.
Estas cosas también se pueden contar. Podemos incluirlas e invitar a otros a que vean lo que Dios ha hecho en nuestra alma.
Comentarios recientes