Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga;
Haga resplandecer su rostro sobre nosotros; Selah
Para que sea conocido en la tierra tu camino,
En todas las naciones tu salvación.
Salmo 67:1-2
Podemos tener una relación con Dios centrada en nuestra persona. A veces también las relaciones con los demás giran en torno a nosotros mismos. Tenemos la tendencia de ponernos en el centro y que todo tenga una repercusión positiva que nos favorezca y de mirarnos como víctimas.
No quiere decir que nunca pensemos en los demás e incluso en Dios, algo de esto seguro que está en nuestra mente. Al fin y al cabo también queremos sabernos personas buenas y nos preocupan verdaderamente los demás. Sin embargo, parece inevitable que juzguemos al mundo conforme a cómo nos tratan.
Este salmo nos muestra una forma distinta de mirar, pensar y hablar. En primer lugar es un salmo que está en plural, quien lo escribe lo hace como parte de un grupo, de un pueblo. Pero no sólo eso, sino que su lenguaje implica que en sí mismo, el pueblo es secundario. Es a Dios a quien se le da la primacía en la acción. Su preocupación es que la atención se ponga en Él:
- Que sea él quien tenga misericordia y que él bendiga, el lenguaje no está enfocado en que la recibamos, aunque esté implícito;
- Que él resplandezca en nosotros, nuevamente la imagen es que Dios él sea visto como fuente de luz, y no tanto los beneficios que eso conlleva en su pueblo;
- Que por ello conozcan el camino que se dirige a él y a la salvación; y otra vez el énfasis está en resaltar que él sea conocido.
Pidamos a Dios que se pueda producir ese cambio de mentalidad en el que reconozcamos que no estamos en el centro, sino él, afrontando la vida desde esa realidad.
Foto de Bornil Amin en Unsplash
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