Porque no abandonará Jehová a su pueblo,
Ni desamparará su heredad
Salmo 94:14
Contenidos
La venganza y la responsabilidad
Cuando sufrimos el trato injusto por otras personas, nuestro deseo natural es la venganza de nuestra mano, y si no tanto venganza al menos diríamos reivindicación, que se reconozca el daño que se nos ha hecho y que se nos pida perdón. Creo que esto es así porque en parte nos creemos dueños de nosotros mismos y del dolor que nos infringen.
Hay algo de verdad en ello. Dios nos ha compartido el dominio de nuestro propio cuerpo e incluso de algunas cosas más. Pero esa no es toda la verdad. Sucede que todo daño que se nos infringe a nosotros se hace primariamente a Dios, porque como creador es el principal responsable y afectado de su creación.
Pensando en ello, es diferente que pensemos: “Dios reivindícanos o vénganos porque nos han hecho daño”; a “reivindica tu nombre, porque somos tu pueblo y por tanto lo que me hacen te afecta principalmente a ti”. Este es parte del mensaje del salmo 94, que empieza hablando de la venganza de Dios. Más adelante, en este versículo expresa la razón: él no abandona ni a su pueblo ni a su heredad. Él toma cartas en el asunto porque somos suyos.
El descanso de entregar la venganza
El caso es que pensar en ello también nos puede dar cierta tranquilidad. Si llegamos a asumir que nosotros somos responsabilidad de Dios, nuestro orgullo disminuye y la forma en la que deseamos la venganza también. Entonces podemos comprender por qué debemos dejar la reivindicación a él (Rom 12:9) y por qué de hecho está en las mejores manos, ya que le importamos, ya que somos hijos suyos y se toma seriamente lo que nos sucede, más aún de lo que podamos hacer nosotros.
Por cierto, que esto también debería darnos temor a la hora de despreciar innecesariamente e injustamente a cualquier criatura que pertenezca a la creación de Dios.
Foto de Pete Alexopoulos en Unsplash
Comentarios recientes