“Nosotros amamos porque Él nos amó primero.”
1 Juan 4:19
Tengo tres gatos: Leo, Gandalf y Garfield. Cada uno con sus virtudes y sus manías, como cualquier minino. Al observarlos, me doy cuenta de cuánto se parecen a nosotros en nuestra relación con Dios: viven en nuestra casa, pero a su manera; están, nos buscan cuando quieren y, otras veces, simplemente van a lo suyo.
Aun así, reciben de mi marido y de mí todo lo necesario: cuidados, comida, mimos. No esperamos nada a cambio, porque los adoptamos por amor, y eso no depende de sus gestos ni de sus “méritos”. Ellos nunca se plantean ganarse su sustento ni compensar lo que reciben… y tampoco nosotros lo esperamos.
Hace poco, Garfield enfermó gravemente. Fueron horas intensas: invertimos dinero, tiempo, desvelo y mucha preocupación. Había muchas probabilidades de perderlo, pero finalmente salió adelante. Lo curioso es que, tras todo aquello, no esperábamos que cambiara. Garfield sigue siendo un gato, con su manera de ser. No puede “pagar” lo que hicimos por él, ni siquiera comprende cuánto esfuerzo supuso. Sin embargo, cuando viene a ronronear o a pedir caricias, ese pequeño gesto nos basta.
Algo muy parecido ocurre entre Dios y nosotros. Él nos creó porque quiso, no porque le resultáramos útiles ni porque necesitara algo de nosotros. Nos creó movido por amor, para que tuviéramos la oportunidad de una relación auténtica y cercana con Él. En realidad, no hay nada que podamos ofrecerle que tenga un valor real a su altura: nuestras buenas acciones, nuestros intentos de agradarle… están muy bien, pero los principales beneficiados somos nosotros.
Aquí está el punto clave: Dios no quiere que lo busquemos solo por miedo al castigo o como un seguro para el futuro. Su mayor deseo no es que nos acerquemos por obligación o temor, sino que descubramos la alegría de relacionarnos con Él por elección propia, desde ahora. Así como mis gatos no necesitan hacer nada especial para ganarse mi cariño, Dios solo espera que nos acerquemos a Él tal como somos, dispuestos a compartir nuestra vida y a disfrutar la suya.
Podemos acercarnos a Dios porque Él nos amó primero. Sé que, igual que mi día se detiene cuando Garfield se acurruca conmigo y ronronea, también Dios disfruta esos momentos en los que lo buscamos con honestidad. En ese instante, calla y se goza en la relación que hemos decidido tener con Él. Como dice Sofonías 3:17:
“Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará;
se gozará sobre ti con alegría, callará de amor,
se regocijará sobre ti con cánticos.”
Cuando llegue el día en que se manifieste en plenitud, la relación será completa. Pero eso empieza aquí y ahora. ¿Cómo pretender ser ciudadano del Reino si no dedicamos ya tiempo personal a una relación real con el Rey?
Él te espera. Dedícale tiempo. Conócelo. Relaciónate con Él. Porque nada le alegra más que tu decisión sincera y libre de acercarte a su corazón.
Foto de Pascal Pfefferle en Unsplash
Comentarios recientes