La cruz y la ira

La ira a cuestas

En el libro de La Divina Conspiración de Dallas Willard, al tratar la ira según el Sermón del Monte, el autor escribe: “La mayoría de la gente anda con una carga de ira a cuestas”. Si nos detenemos a observar detenidamente a las personas que nos rodean o incluso a nosotros mismos, podríamos reconocer que la frase describe bastante la realidad. 

La Biblia habla de la Ira, a veces en términos permitidos y necesarios, pero mayoritariamente como algo negativo, cuando se trata de cómo la maneja el ser humano. Dentro del mensaje bíblico, la cruz también habla de la Ira, y es de eso de lo que me gustaría reflexionar.

La ira de Dios

Antes de adentrarnos en la cruz, tenemos que acordarnos que en la Biblia se nos presenta a Dios como una persona que también experimenta la ira, y lo hace ante la injusticia y la maldad humana. Aunque es verdad que se insiste constantemente que es lento para actuar en ese estado. A modo resumen, de esta emoción en Dios se dice:

  • Que el ser humano ha provocado la ira de Dios (Dt 32:16)
  • Que si no estamos reconciliados con él, somos “hijos de la ira” (Ef 2:3).
  • Que como si estuviera contenida en una copa, Dios derramará su ira para dar fin a la maldad humana (Salmo 75:8, Apocalipsis 16).
  • Que esta Ira de Dios tendrá que ser “cumplida, satisfecha o consumada”, que es lo que significa la palabra “kalah” en Hebreo (Ez 7:7-8).

La cruz

Muchos cristianos defendemos que la ira de Dios se vertió en su hijo cuando murió en la cruz. Sin embargo, no existe ningún texto específico que lo diga tan claramente, al menos en estos términos. Pero si conocemos otros conceptos teológicos podemos ver que es así:

  • Todos los sacrificios que se desarrollaron en la ley Mosaica tenían el propósito de sustituir a las personas y al pueblo en el castigo por su pecado. En el día de la expiación, se llevaba la sangre de los sacrificios a la tapa del arca (el propiciatorio) con el fin de volver a Dios propicio a su pueblo (Levítico 16). En su carta a los Romanos, Pablo deja claro que la ira de Dios se revela contra la humanidad (Ro 1:18) y que el sacrificio de Jesús cumple esta función propiciatoria (Ro 3:25).
  • Además, Jesús habla de sí mismo como alguien que debía beber la copa, haciendo una alusión directa a la copa de la ira de la que hablamos (Juan 11:18 y Mateo 26:39).
  • Por último, puede que cuando Jesús dijo en la cruz, antes de morir: “Consumado es”, “tetelestai” en griego, (Jn 19:31), entre otras cosas quizá estaba haciendo referencia a la consumación de la misma ira de Dios de la que se habla en Ezequiel y otros textos.

La ira del hombre en la cruz

Además, si leemos detenidamente los acontecimientos de ese día, Jesús no sólo recibió la ira de su padre, sino también la del hombre: cuando lo arrestaron, cuando lo juzgaron, ante los soldados. Incluso su amigo Pedro manifestó su ira. Jesús fue golpeado, escupido, insultado, ridiculizado, maldecido. Todo ello con una carga de ira tremenda.

Jesús no sólo recibió la ira justa de Dios, sino que recibió la ira injusta nuestra. Lo que hace Jesús es atraer hacia sí toda la ira, la de Dios y la de los hombres. Mientras que él podría

El resultado de la ira

El efecto de la ira raramente produce una reconciliación. Puede que tras un berrinche el más débil acabe pidiendo perdón por lo hecho y no hecho para evitar una ruptura total, pero no hay reconciliación verdadera, sino sumisión por miedo. Tampoco suele dejar espacio para la transformación o la madurez, ni del que manifiesta la ira ni del que la recibe.

Me refiero a la ira humana claro, porque aunque es permitida en la Biblia, desde esa posición es difícil ceder al egoísmo, es difícil hacer la renuncia de uno mismo. Por eso escribió Santiago en su carta que la ira del hombre no obra la justicia de Dios (Stg 1:20) y Pablo también nos animó a que le dejemos las cosas que necesitan venganza a Dios (Ro 12:19). Y es que nuestra ira acaba siempre manifestándose de una forma inadecuada.

La ira pone fin a un conflicto. De hecho ¿cuándo se manifestará la ira de Dios? Al final. Pero la verdad es que a través de Jesucristo Dios ha aplazado su ira, porque la ira es el fin de toda discusión, es la forma de ponerle un punto y final.

Dos verdades importantes para terminar

En primer lugar, toda maldad será y debe ser castigada. En nosotros como pecadores, o en Jesucristo. Por las cosas que hemos sido heridos, esa maldad será castigada y se hará justicia. Y por las heridas y maldades que hemos hecho nosotros también. O las pagamos nosotros, o las pagó Cristo en la cruz. Dios nos llama a reconciliarnos con él.

En segundo lugar y es aquí donde quería llegar, Jesús nos muestra que hay un camino diferente, aunque difícil, para promover la reconciliación entre nosotros. Jesús nos muestra que puede haber una forma distinta de manejar nuestra ira para dar lugar a la gracia, al perdón, a la reconciliación.

¿Cómo se hace eso? Bueno, nos toca acercarnos a su vida, reflexionar sobre su cruz y que nuestra persona sea cada vez más parecido a nuestro maestro.

“Claro que no hay nada que pueda hacerse con ira que no pueda lograrse mejor sin ella”. Dallas Willard.

Photo by Alexandra Mirgheș on Unsplash

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