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Introducción
¿Quién es Jesús?
No quiero pretender decir cuál es el enfoque particular de Mateo. Habrá comentaristas que enfatizan uno u otro tema. Pero es claro que una de las preguntas claras que trata de exponer el libro es: ¿quién es este? Y es una pregunta vigente para cualquier persona hoy.
Claro que muchos de nosotros podríamos responder en palabras quién es: es el hijo de Dios, es hombre, es Dios mismo, es la segunda persona de la trinidad (eso de primero, segundo y tercero es algo que Dios no ha dicho, pero tiene un significado para nosotros). Es el Mesías y más palabras que son verdad. Pero que conozcamos eso, no significa que la persona de Jesús nos está impactando. Y no quiero decir con eso que no hayamos alcanzado su misericordia, sino que puede que aún entrando en su reino, la pregunta debe seguir presente: ¿quién es este?
De hecho los discípulos lo conocían bien, llevaban un tiempo con él, era su maestro e incluso ellos se siguen haciendo esa pregunta “¿Qué hombre es este, que aun los vientos y el mar le obedecen?” (Mt 8:27). Descubrir su persona y entrar a vivir con él no es algo que se haga en un momento, sino que se tiene que convertir en un continuo descubrimiento y dejarnos sorprender, reconociendo continuamente que aún nos falta mucho por conocer.
Como dice uno de mis autores favoritos acerca de conocer a Cristo: “la presunción de conocerlo ha llevado al desconocimiento”. Es algo que nos ocurre de forma cotidiana entre nosotros, de vez en cuando nos sorprendemos que no conocemos a alguien que pensábamos que habíamos conocido bien.
Por eso, ahora tenemos que estar dispuestos a que él vuelva a romper las estructuras y conceptos congelados que nos vamos construyendo acerca de quién es Jesús y cuál es la vida que trajo a la que nos ha llamado.
La presentación que hace Mateo de Jesús
Jesús presenta a Cristo como el descendiente de un rey y por lo tanto como rey. Eso es lo que significa la genealogía con la que empieza. Lo presenta como alguien prometido, a quien unos sabios de oriente vienen a buscar y a reconocer.
Lo presenta también como un maestro que escoge a sus seguidores y lo presenta como alguien con autoridad superior a Moisés, subiendo a un monte y dando la interpretación correcta a la ley. Es también un legislador. Las personas que lo escucharon en ese monte se sorprendieron de la autoridad de sus palabras.
Entonces Mateo lo presenta en su vida cotidiana atendiendo y respondiendo a las personas. Haciendo y diciendo una serie de cosas que apuntan no sólo a su poder, sino a su persona. Por las cosas que hace y dice, no es un humano como cualquier otro, e incluso se deja ver que puede ser Dios mismo entre nosotros.
- Por ejemplo, cuando habla algo sucede, tiene poder a través de su voz, como Dios.
- Tiene el dominio sobre la naturaleza, tanto del mar como de las enfermedades
- Tiene dominio sobre el mundo espiritual, porque el mismo centurión tiene la idea de que hay algo que él no conoce que está bajo su poder, y también lo manifiesta con los demonios que les da permiso para ir a los cerdos
- Tiene el dominio para conceder el perdón, algo que todos sabían que sólo podía hacer Dios
- Y si no, ¿qué tipo de persona declara que él viene a llamar al arrepentimiento? (en casa de Mateo) ¿Quién dice tales cosas si no viene de Dios mismo?
Estas son algunas de las cosas que sólo Dios podía hacer. Y quedan unas cuantas que Mateo quiere decir.
Introducción al texto
Esta conversación que tiene con los discípulos de Juan sucede en el mismo momento en el que Jesús está comiendo en casa de Mateo. Esto se puede ver comprobar en los otros evangelios. En Mateo podría parecer que son momentos diferentes, pero en los demás se nota la continuidad. Así que el hecho de que Jesús coma con ello trae dos preguntas:
La primera (que ya hablé de ella en otra ocasión y lugar), habla de porqué comía y tenía comunión con publicanos y pecadores.
La segunda es por qué los discípulos de Jesús no ayunaban (y por su puesto Jesús tampoco).
Las preguntas y las dudas
14 Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?
Una curiosidad: quienes hacen la pregunta no son fariseos, sino discípulos de Juan. En varios comentarios que he leído, contrastando los pasajes paralelos, han mostrado su conclusión de que esta pregunta a Jesús es una crítica. Pero quizá estas personas no acusaban a Jesús, sino que hacían una pregunta honesta de curiosidad. Juan el Bautista no se puso en contra de Jesús, todo lo contrario, y aunque él quizá estuviese apresado, puede que sus discípulos respetasen también a Jesús y no se pusieran en su contra.
Este grupo es mencionado en otro contexto, en Lucas 11:1. En este pasaje se muestra un acercamiento contrario. Son los discípulos de Jesús lo que le dicen a él que les enseñe a orar, como Juan hizo con sus propios discípulos. Y en este contexto tampoco hay ningún tipo de reproche, sino que Jesús accede y les enseña cosas sobre la oración, por lo que podemos suponer que hay un respeto mutuo.
Jesús mostró rechazo a la forma de preguntar de los fariseos. Ellos no preguntaban desde la duda, sino desde la certeza de que tenían la razón. Creían que tenían la verdad y no daban la posibilidad a ser cuestionados. Las preguntas que le dirigían a Jesús no eran para saber, o para contrastar, sino para atacar. Las de este grupo de hombres puede que no fuera así.
Tenemos que tener en cuenta que los discípulos de Juan ya habían perdido a su maestro. Para ellos quizá era lícito ayunar. Probablemente Juan les enseñó a ellos a hacerlo. En su situación, y en sus costumbres propias, tendrían la disposición de ayunar con cierta frecuencia, así que cuando ven a Jesús comiendo en festines, se acercan a los discípulos a preguntar por esa situación. Además tenemos que recordar que varios discípulos de Jesús lo fueron primero de Juan, por lo que este acercamiento pudo haber sido desde el respeto.
Y Jesús no rechaza contestar. Tenemos que crear un entorno en el que las dudas y las preguntas sean válidas. Negarlas es absurdo, porque están ahí. Jesús trató con restauración a las dudas de Tomás, que además no fue el único que le costó creer en la resurrección. En los salmos y en el libro de Job también tenemos contenidas muchas dudas a las que Dios guiaba.
De hecho, aferrarnos a afirmaciones cuando en realidad hay dudas, es el propio miedo a las dudas. Cuando no las afrontamos con sinceridad, damos pie a una fe quebradiza y también al conflicto. Este tipo de fe temerosa de la duda puede causar más el alejamiento de Dios que la duda abierta y honesta.
El ayuno
14 Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?
En la ley de Dios, sólo había un ayuno marcado que se hacía una vez al año, en el día de la expiación (Levítco 23:27). El ayuno del que se en Levítico es el de aflicción porque el pueblo debía mostrar su dolor por su pecado. Sin embargo, poco a poco, Israel fue estableciendo más ocasiones para el ayuno. Y en los tiempos de Jesús, los fariseos y otros grupos podían establecerse como norma la de ayunar dos veces por semana (Lc 18:12; Mt 2:18).
La iglesia después de que Jesús resucitó siguió practicando el ayuno (Hechos 13:2-3; 14:23). Son pasajes en los que el ayuno se relaciona con un momento clave de oración y de decisión importante. Hoy en día la iglesia practica el ayuno en este sentido. Jesús también habló del ayuno como algo necesario para una fe que sobre sale (Mateo 17:21).
Hoy en día también se habla del ayuno como una forma de depender de Dios. Y se habla de ayunar de otras cosas que no son de comida, como una forma de expresar o incluso provocar cortar con ciertos hábitos que no nos dejan depender de Dios. Se ayuna de relaciones sexuales, del uso del móvil, de defenderse, de la televisión, la lectura de libros. Quizá este tipo de ayuno esté basado en cuando Jesús mismo afirmó que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mt 4:4).
Son tres razones lícitas para ayunar: arrepentimiento o vivencia de dolor, ante momentos clave y para buscar la dependencia de Dios. Sin embargo, como toda práctica, puede convertirse en un ritual vacío o peor aún, en una forma de hacer ver a los demás que somos espirituales y por tanto mejor que otros. Ya en el Antiguo Testamento los profetas hablaron de estas cosas, como en Isaías 58, y Jesús mismo habló de eso en el sermón del monte (Mateo 6).
Mi intención no es extenderme en la experiencia del ayuno, sino comprender que tanto el ayuno, como cualquier otra experiencia en la que buscamos algo de Dios, tiene que tener un sentido correcto, y por tanto puede tener su momento. No es algo sobre lo que uno pueda hacer una ley o un indicador externo de espiritualidad. La tendencia más sencilla es convertir acciones en leyes que podamos manejar, e introducirnos menos en el sentido de las cosas. Eso produce lo que va a decir Jesús ahora.
Y es eso lo que va a responder Jesús: cuando uno hace ayuno, lo hace por una razón y en aquél momento sus discípulos no tenían ninguna para estar ayunando, sino comiendo. Para eso utiliza dos imágenes que vamos a ver ahora:
Las bodas
15 Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
La boda es una fiesta. Es una realidad que Jesús usa en varias ocasiones para hablar de sí mismo y de lo que él y su padre quieren hacer con su reino. Uno de sus énfasis es precisamente el banquete que hay alrededor de la boda.
Si en medio de una boda hay alguien llorando, da igual cuántas risas haya alrededor, la boda se estropea. Aunque seamos cien personas. Si yo río en una boda, no se notará mucho, porque todos ríen. Si lloro, o incluso si estoy triste, se notará, y afectará a los demás a quienes les costará un poco más mostrar su alegría.
Por eso es totalmente inapropiado llevar luto en las bodas, expresarse con tristeza. El dolor atrae toda su atención y apaga la fiesta. Es una pequeña gota que mancha todo.
No pretendo hacer de esto una ley, y que nadie pueda ir triste a alguna boda, o que debamos ser falsos. Jesús no está dando pautas de cómo comportarse en la boda, sino expresando lo que todo el mundo sabe que es inapropiado si uno quiere tener una fiesta. ¿Cómo vas a acudir a un banquete si estás en un período de ayuno y no hay razones además para ayunar?
¿Por qué no hay razones para ayunar? Porque Jesús, quien se identifica como el novio está presente, luego es motivo de alegría. Ya habrá momento en el que no esté y llorarán y entonces harán ayunos, pero ahora no.
¿Podemos comprender la relevancia de estas palabras?
- Cuando Jesús perdonó al paralítico, la gente reaccionó: “sólo Dios perdona”
- Cuando llama a Mateo, Jesús dice: “soy quien llamo al arrepentimiento”
- Ahora en esta ocasión Jesús dice: soy el motivo por el que las personas tendrían o no que ayunar.
¿Quién es este hombre para decir estas cosas? ¿Nos imaginamos a cualquiera de nosotros decir eso? Yo soy el motivo por el que ahora se celebra la fiesta y seré el motivo por el que se llorará. ¿Qué pretensiones son esas?
El remiendo y el vino
16 Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.
17 Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.
La segunda explicación la da con dos ideas similares. Si a una prenda vieja le pones una tela nueva, la tela nueva aún va a cambiar su estructura con sus lavados. Sobre todo se encogerá y así tirará del resto de la tela vieja y ésta se romperá.
En cuanto a los odres, lo que ocurre es que un odre viejo, de piel ya ha perdido su capacidad elástica. Si introduces vino nuevo en él y lo cierras, el vino sigue fermentándose, produciendo gases, por lo que el odre viejo puede que no resista la presión y acabe rompiéndose.
Como dice el dicho español: “cada oveja con su pareja”. Telas viejas con apaños viejos, vinos viejos en odres viejos. Y lo mismo con lo nuevo. Las cosas se usan de forma coherente y con sentido. Porque si no lo hacemos así, rompemos su significado y el valor de las cosas. Las telas viejas no son malas, ni el vino viejo, que incluso puede ser mejor que el nuevo. Tampoco son malas las telas nuevas y los vinos nuevos. Todo tiene su sentido, su momento y su forma de vivirlo.
Lo que es inadecuado es ayunar sin sentido y no darse cuenta de lo nuevo del evangelio o de la persona de Jesús y tratar de encajarlo en moldes en los que no encajan. Quiero citar a dos comentaristas:
- Samuel Perez Millos utiliza este texto para hablar de la actitud legalista y creo que puede ser interesante su reflexión: “El Espíritu que mueve la vida del legalista es un espíritu de temor (Rom 8:15), mientras que al creyente le mueve el Espíritu de libertad en Cristo que no es de temor sino de gozo”.
Vivir en el legalismo, como mencioné antes, en estructuras que podemos controlar, es más sencillo. Pero es inadecuado y al final revienta por algún lado. Pero el evangelio tiene algo de renovación constante, y el Espíritu se mueve y uno no sabe de dónde viene y a dónde va, y es más complejo pero liberador vivir la vida bajo el Espíritu.
- William Barclay, otro comentarista reconocido habla de este pasaje: “Lo que está diciendo aquí es que llega un momento en que poner parches es una estupidez, cuando lo único que se puede hacer es desechar definitivamente algo y empezar de nuevo” y “llega un momento cuando los parches son inútiles”, y que llega un momento “cuando una persona y una iglesia tienen que aceptar la aventura de lo nuevo, o quedarse empantanadas dando culto, no a Dios, sino al pasado”.
Cabe una reflexión final, ¿qué tipo de condición describe tu vida en tu relación con Dios y en la parte que formas en la iglesia? ¿Nos caracteriza el temor, la rigidez, el tratar de conservar tradiciones, estructuras y hábitos? ¿Nos caracteriza el poner parches o estar abierto a la renovación que pretende Jesús y el evangelio?
El mensaje y la persona de Jesús siempre es el mismo, pero siempre es renovador, porque nuestra tendencia va a ser siempre crear hábitos y estructuras, controlar lo que no nos corresponde, hacer las cosas a nuestra manera y hacernos ideas de Cristo ancladas. El evangelio nos llama a estar dispuestos a dejarnos cambiar por él de forma continua.
Pablo lo entendía así, vamos a leer dos de sus oraciones:
- Efesios 1:15-22. Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, 16 no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, 17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, 18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, 19 y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, 20 la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, 21 sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero; 22 y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, 23 la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.
- Colosenses 3:10-11. Revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, 11 donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.
Conclusión
Una vez escuché una ilustración que me hizo mucho bien. No recuerdo a quién se la leí, creo que a John Piper, pero no estoy seguro.
Imaginemos un cumpleaños, y allí está un cumpleañeros, pero hay otro niño que quiere llamar la atención, quiere que se le cante a él, que le den a él los regalos. Sus padres no saben qué hacer con él, le llaman la atención, lo llevan aparte para convencerle que se comporte, pero no hay forma.
¿Qué pasa en ese cumpleaños? Que la fiesta se estropea. El cumpleaños sólo tiene sentido cuando el cumpleañero es el que está en el centro de la fiesta.
Jesús está haciendo esa afirmación: soy yo el centro de la fiesta, la razón de tus ayunos, de tus alegrías y tristeza, de tu arrepentimiento. Si quieres que la vida tenga sentido, lo mejor que puedes hacer es tenerme a mí como el objeto de la misma. Si no, la fiesta carecerá de sentido y tanto tú, como los que tienes a tu alrededor podrán disfrutarla.
Sólo se vive la vida de una forma con sentido cuando Cristo es el centro.
Foto de Joshua Burdick en Unsplash
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