Perlas a los cerdos

Como cristiano, en una familia no cristiana, muchas veces intento “imponer” las cosas buenas de Dios a mi familia, porque me desespera pensar que morirán sin saber quién es Jesús y estarán eternamente en el infierno. “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las huellen con sus patas y volviéndose os despedacen”. Muchas veces se interpreta este versículo contrariamente con el espíritu que Jesús tenía y sus enseñanzas. Pensamos que tenemos tesoros maravillosos que ofrecer a los demás, incluso podría ser el Evangelio, pero que las personas no son dignas de tales tesoros, por lo que tenemos que estar atentos, ya que por lo general no lo aceptarán o lo usarán de forma inadecuada. Hablamos de los cerdos y perros en cuestión, y no tenemos que desperdiciar nuestras buenas cosas en esta gente indigna o mala.

La venida misma de Jesús, perla de Dios, al mundo, será el caso de las perlas a los cerdos, si lo entendiéramos así. Jesús no quiere ni quería esto, tenemos que ser como nuestro padre celestial “bondadoso para con los ingratos y perversos”.

El problema con las perlas a los cerdos no es la dignidad de los mismos, es la capacidad que tiene para poder digerir perlas, por lo que no pueden nutrirse con ellas. Preguntémonos qué es lo “comestible”, cuando un cerdo o un perro, intente digerir una perla o una Biblia, la cual no le nutrirá: al tener hambre nosotros seremos entonces su comida.

Muchas veces mi objetivo ha sido corregir y controlar a mi familia dándole “cosas buenas”, moralmente hablando, preciosas en verdad, pero por desgracia no las han podido ingerir ni usar para nutrirse, porque muchas veces ya he pensado, sin siquiera escucharles, saber lo que es lo mejor. No se trata de que estoy desperdiciando “las perlas”, sino de que mi familia no esta recibiendo ayuda eterna. 

A veces ofrecemos nuestras “perlas” con un sentido de la superioridad, que impide que prestemos atención a los que justamente intentamos ayudar. Tengo soluciones, debería bastar, ¿verdad?, pues parece que no, en numerosas ocasiones llega el desprecio, impaciencia, enojo y hasta condenación.

La misma cualidad de virtud y bondad de nuestra “perla” nos hace pensar, quizás, que NO podríamos estar actuando con la actitud equivocada hacia el receptor en cuestión. ¿Ofreceríamos estas perlas si nuestro corazón NO tuviera la actitud correcta? Desafortunadamente, eso sí puede pasar y pasa. ¿Qué pasa entonces? Que mi perla se queda en el suelo, porque la actitud de mi corazón no es la correcta, y queda en el suelo para ser pisoteada. Eso nos puede dar una buena medida de la actitud de nuestro corazón.

Dios nos ha hecho libres y las personas son responsables ellas solas del curso que decide optar. Muchas veces en vez de darle la responsabilidad delante de Dios, haciéndoles ver que ellos son responsables directos delante de Dios, lo que hacemos, lo que hago, es que los quito de su propia responsabilidad y de las manos de Dios, para asumir el control yo mismo, y pensar que tengo la solución, lo cual por supuesto no lo hago de manera consciente, pero suele pasar.

Dios ha pagado un precio terrible para darnos la posibilidad de la autodeterminación humana. Es obvio que la valora mucho porque después de todo es la única manera de que los seres humanos puedan llegar a ser seres personales que Dios usará para sus eternos propósitos. Y así como no tenemos que “manipular” a los demás con un lenguaje que impresione (Mateo 5.37), tampoco tenemos que acensarlos con la imposición de lo recto y lo bueno, mediante nuestras condenaciones y nuestras “perlas” o cosas sagradas.

Adaptado de “La divina conspiración”, de Dallas Willard

Por David Blanco Pérez

Photo by Leah Kelley from Pexels

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