Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que solo la muerte hará separación entre nosotras dos.
Rut 1:16-17
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Un regreso arriesgado
Noemí ha perdido a su marido y a sus dos hijos varones en Moab. Los moabitas eran un pueblo que no podía ser admitido en Israel hasta que pasaran diez generaciones contadas desde los tiempos de Moisés (Dt 23:3), ya que anteriormente les habían afrentado al no dejarles pasar por medio de sus tierras cuando venían del desierto hacia Canaán.
Al regresar Noemí a su pueblo natal, sus dos nueras le acompañan, dos mujeres moabitas. Noemí les anima a quedarse, pero Rut se niega, expresándose de esta forma tan sorprendente, ofreciéndole que a partir de aquel momento cualquier experiencia que viviese Noemí sería compartida por ella. Puede que estas palabras sean una de las mayores expresiones de gracia y amor y surgieron sorprendemente de una mujer cuyo origen es la de un pueblo no grato.
Dos disposiciones extrañas en nuestros días
Hoy en día, esta forma de compromiso en una relación no es bien vista. Las nuevas generaciones cuestionan que de hecho sea algo bueno, calificándola incluso de exclusivista, acaparadora, egoísta o dañina. Para Dios, sin embargo, describe una forma maravillosa de fundamentar nuestras relaciones. Aquí Rut le ofrece a su suegra:
- Que la experiencia que viva una la comparta completamente la otra, tanto las de la vida como la de la muerte. No cabe aquí el valor de que cada uno viva lo suyo propio. Es la unión en la vida real.
- Visto desde otra perspectiva, es la entrega de la propia persona. Mi vida es la tuya.
Además, algo que podemos pasar por alto es que no hubo ningún tipo de presión o manipulación cuando Rut le dice estas palabras. Noemí le ofreció libertad, y Rut escogió libremente unir su vida a la de su suegra. Libertad y gracia cogidas de la mano.
Más que un ejemplo
En este momento podríamos decir que la vida de estas mujeres es un ejemplo para nosotros, y animarnos a entregarnos de esta manera. Y no sólo en el matrimonio, sino también entre padres e hijos, amigos o con la iglesia de Dios.
Pero en vez de eso, lo que quiero exponer es que estas palabras definen el tipo de amor que Cristo nos ofrece. Nos ofrece esta unión con él. Pablo en su carta de Colosenses dice que vivimos su bautismo, su muerte, su sepultura y resurrección, y que viviremos su manifestación. (Col 2 y 3). Estas mismas palabras podían haber sido pronunciadas de forma parecida por Cristo hacia nosotros: nos ruega que no le dejemos, se compromete a vivir con nosotros, compartió su propia muerte y a nos brinda su padre para que también fuese nuestro padre.
Miremos cómo son nuestras relaciones, con Dios y con otros, reconociendo cuán lejos estamos de algo así. Luego deseemos vivir las en nuestra experiencia, hablando con Dios sobre ello.
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