Texto

27 Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! 28 Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. 29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. 30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa. 31 Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra.

32. Mientras salían ellos, he aquí, le trajeron un mudo, endemoniado. 33 Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel. 34 Pero los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.

Introducción

¿Hay alguien que te puede exigir cómo vivir? ¿Hay alguien a quien tienes que rendirle cuentas de tu vida? No estamos acostumbrados a vivir con esa idea de que una persona sea responsable de nosotros. Ronda en nuestras cabezas la costumbre de que nadie puede decirte qué pensar o las razones por las que hacemos una cosa u otra. Sobre todo en lo que pasa en nuestra cabeza. Sí tenemos una ley que respetar, pero no a nadie que reclame nuestra obediencia. Puede que por ese concepto, no apreciamos del todo quién es Jesús cuando se le llama El Hijo de David.

Los relatos que Mateo presenta en esta serie que tenemos recogidos en los capítulos 8 y 9 plantean una pregunta ¿quién es este? ¿Quién se cree para perdonar pecados? ¿Qué tipo de persona es aquella que la naturaleza le obedece o los demonios le hacen caso? Todo parece indicar que las cosas que está haciendo le pertenecen a Dios, al menos eran cosas de las que Dios había hecho y había dicho. 

En estos dos últimos encuentros sucede lo mismo, las personas se quedan asombradas, pero los dos ciegos reconocen por primera vez quién era: el Hijo de David, el Mesías.

Hijo de David

Mateo cuenta que en esos días de ajetreo, regresando probablemente a la casa en la que vivía en Capernaum, en el camino dos hombres ciegos le siguen. Insisten, gritando y diciendo que tenga misericordia de ellos y le llaman Hijo de David.

Jesús no les atiende desde el principio, no sé cuán largo era el camino, pero habla con ellos cuando llega a la casa. No se dice nada de las reacciones de las personas al tener a esos dos hombres gritando detrás de ellos, pero sí dice de la insistencia de estos dos hombres que quizá debe ser de ejemplo para nosotros. Jesús siempre valoró la insistencia que mostraban las personas.

¿Qué implicaciones tienen las palabras “Ten misericordia de nosotros, hijo de David”? Es la primera vez que Mateo registra que alguien lo llama así. Antes, ni Jesús ni otra persona había utilizado ese título. Es verdad que Mateo había recogido en la genealogía que Jesús era descendiente de David (Mt 1:1), pero eso es una introducción, no es un acontecimiento. Ellos pudieron ser los primeros que pusieron en voz en grito una realidad que todos estaban pensando, pero que no se atrevían a decir.

De hecho, más adelante, Mateo escribe sobre cómo las personas se preguntaban ya abiertamente: “¿Será este el Hijo de David? (Mt 12:23). Y hablaban de estas palabras como una persona esperada especial y prometida, no como uno entre tantos que descendían de David.

Es curioso que estas mismas palabras, de tener piedad como Hijo de David las vuelve utilizar una mujer extranjera, a quien conocemos como la mujer cananea (Mt 15:22) y por segunda vez otros dos ciegos (Mt 20:29-31). Por tres veces se relaciona el tener compasión con el hecho de que fuese el Rey prometido. La siguiente vez que se habla de Jesús así es cuando entra en Jerusalén en lo que llamamos “la entrada triunfal”, la gente de los alrededores de la ciudad le gritan, “Hosana al Hijo de David”. Hosanna significa “salva, rescata”.

Así que parece que Mateo pone al final de esta parte la respuesta a la pregunta: ¿quién es este? Es El Hijo de David en mayúsculas, son dos ciegos quienes con desparpajo lo dicen, habiendo perdido el miedo en su desesperación, habiendo escuchado las cosas que hacía, probablemente hablando entre ellos y llegando a esa conclusión: aquí tenemos al que esperábamos.

Hazte responsable de nosotros

Los dos ciegos: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David. “Hazte responsable de nosotros”, de nuestros cuerpos. 

Creo que en estas palabras hay algo más de “danos una limosna”, danos esto y luego seguiremos viviendo nuestra vida normal. Como cuando tenemos compasión nosotros. Lo digo porque está acompañado de las palabras “Hijo de David”. Lo veremos ahora con más detenimiento.

De alguna forma lo que le piden es: si tu eres el rey, nosotros somos tuyos. Somos de tu propiedad, eres responsable nuestro, por eso “pedimos audiencia” y como otros siervos te pedimos que actúes con misericordia hacia nosotros, porque los reyes pueden hacer eso y concedernos eso.

¿Crees que puedo hacer esto?

En relación con eso, Jesús tras su insistencia y ya en casa les dice: ¿creen que puedo hacer eso? Quiero proponer que la cuestión aquí no es sólo si tenía algún tipo de poder mágico para hacerlo, sino si tenía la autoridad del rey para hacerlo.

Lo que Mateo está cuestionando en todos estos pasajes es precisamente eso, ¿qué autoridad tiene Jesús y qué significa esa autoridad? ¿Es Jesús responsable de Israel y de todos sus males? ¿Es él quien de verdad puede ofrecer la compasión?

¿Qué rey esperaban los judíos? Vamos a leer algunos pasajes:

6 Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. 7 Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre.
Isaías 9:6-7

Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. 2 Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. 3 Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; 4 sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. 5 Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura.
Isaías 11:1-5

5 He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. 6 En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra.
Jeremías 23:5-6

20 Por tanto, así les dice Jehová el Señor: He aquí yo, yo juzgaré entre la oveja engordada y la oveja flaca, 21 por cuanto empujasteis con el costado y con el hombro, y acorneasteis con vuestros cuernos a todas las débiles, hasta que las echasteis y las dispersasteis. 22 Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja. 23 Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor. 24 Yo Jehová les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo Jehová he hablado.
Ezequiel 34:20-24

Creo que Jesús les pregunta algo así como ¿de verdad crees que soy Hijo de David y que soy responsable de ustedes y que como tal puedo tener compasión de ustedes? ¿Creen que soy yo el que realmente tiene que venir y están todos esperando?

Conforme a tu fe

En la respuesta de Jesús le responde parecido al centurión: “conforme a la fe”, o “como creíste te sea hecho”. El hecho que hay detrás no es una fe en la magia, sino una confianza en significados espirituales.

El centurión entendió cosas sobre Jesús, que era enviado y que también había otros bajo su mando. Él ordenaba y las cosas sucedían, y confío en que eso era real. Estos dos hombres creyeron que Jesús era el Hijo de David, y fueron unos de los primeros que lo pudieron decir. Quizá incluso antes que sus mismos discípulos. En base a esa confianza de quién es Jesús, les concedió lo que pedían.

La fe es algo más que creer que puede suceder algo. Es un encuentro con Jesús y es un reconocimiento de quién es, como alguien que tenía un encargo, un enviado de Dios (eso fue lo que vio el centurión) y como Rey y por lo tanto responsable de la propia tierra y por lo tanto de nosotros mismos.

La fe no es un poder vacío, es una confianza en algo que es real, estable. No en uno mismo, que no somos confiables, ni en estados, ni en nada que esté en manos de los seres humanos. Es la confianza en Dios que sigue siendo responsable de su creación.

Nunca ha sucedido nada así

Después de estos dos ciegos, le trajeron a un mudo endemoniado. No hay muchos detalles de esta persona, ni de lo que sucedió salvo del hecho de que lo hizo. Lo que quiso resaltar Mateo fue la reacción de las personas. Porque ante una persona como esta, ¿qué respuesta nos queda?

Jesús hace un reclamo. Habla y vive con autoridad, y sus palabras y hechos provocan en los que le escuchan asombro y reacción, no pueden ser indiferente, se ha metido en sus vidas e inevitablemente les hace pensar en que las cosas que dicen suenan a cambios, les guste o no les guste. 

Y no son palabras vacías, sino que están acompañadas de cosas que estaban prometidas, y de reclamos históricos a los que tenían que hacer frente.

Algunos se asombraban de lejos, otros querían seguirle (en pasajes anteriores se puede ver esto) y algunos se sintieron incómodos, tanto que llegaron a decir que la fuente de lo que hacía Jesús era el mal, era por el poder de un jefe o potestad del mal.

Dallas Willard escribió acerca de Jesús: “Cuando vemos a Jesús tal como Él es, o tenemos que alejarnos o no hay más remedio que adorarlo, sin tapujos”. (La Divina Conspiración, pg. 38)

Conclusión

Estos hombres eran ciegos. O no. Porque vieron algo que otros todavían no habían visto, no habían querido ver o no querían reconocer. Antes de que se le abrieran los ojos físicos, fueron los que abrieron sus ojos a la realidad de Jesús como rey.

Es curioso que Jesús luego llamó ciegos a aquellos que no eran capaces de ver quien era él (Mt 15:20).

En otra historia tenemos otro reconocimiento de la autoridad cuidadora de Dios. Job discute con Dios, y Dios se revela y le dice: ¿has estado tú presente mientras yo cuido de todo lo que he creado? ¿Sabes tú mejor que yo cómo hacer las cosas? La respuesta de Job después de las palabras abrumadoras de Dios fueron: 

4. Oye, te ruego, y hablaré;
Te preguntaré, y tú me enseñarás.
5 De oídas te había oído;
Mas ahora mis ojos te ven.
6 Por tanto me aborrezco,
Y me arrepiento en polvo y ceniza.
Job 42:4-6

Mi anhelo es poder tener esto también con Cristo. Lo conozco pero aún no he llegado a decir rendido totalmente, porque quizás me falta verlo con más claridad: “te preguntaré y tú me enseñarás, de oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven”.

En la cultura cristiana se habla del reino de los cielos, pero podemos caer en un reino sin rey. Podemos hablar de valores del reino, de la vida que enseñó Jesús, pero podemos dejar al rey a un lado. Y no existe reino sin rey y lo más importante de un reino es su rey.

Tenemos un reto de presentarnos ante Cristo y reconocerlo como el responsable de mi vida, a quien le rindo mi voluntad, a quien voy y le pregunto ¿tienes algo que encargarme? o ¿Puedes asumir mi vida y hacerte cargo de ella? En quien revisamos nuestra visión de la vida y asumimos su visión de la vida.

Foto de Joshua Burdick en Unsplash