Introducción

Empezaré este artículo con unas palabras de la escritora Rebecca Pippert de su libro “Sal”: “lo importante que es estudiar la vida de Jesús con la gente no creyente […]. Tenemos que dejar que él mismo se presente a las personas que queremos que le conozcan”. (Pippert, 214).

Normalmente suelo compartir mi fe como si tuviese que convencer al otro, antes que nada, de la existencia de Dios. Luego le presentaría el mensaje de quién es Jesús y qué hizo.  Pero no es así. En primer lugar, las formas de comprender el mensaje de Cristo son muy diversas y no tienen necesariamente un orden; en segundo lugar, puede que lo más apropiado sea justamente lo contrario: acercarse a Cristo y conocerlo de cerca, eso  después permitirá que las personas, incluso quienes han negado la existencia de Dios, puedan abrirse a esa realidad. ¿No dijo Jesús mismo que él era el camino al Padre?

Los primeros que se acercan a Jesús

En el primer capítulo del evangelio de Juan se nos muestra esta forma de aproximarnos a Jesús (v.35-51). Debemos tener en cuenta que el contexto general nos habla del testimonio que está dando Juan sobre él y que Juan mismo había visto con sus propios ojos que Jesús era el Mesías (Jn 1:34).

Entonces cuando Juan lo señala, dos de sus discípulos van tras Jesús a preguntarle dónde vivía, y él les responde  “venid y ved” (Jn 1:39). Pasan  un día con él y la experiencia debió ser reveladora, porque uno de ellos fue a avisar a su hermano (Andrés a Pedro) y la idea es similar porque lo “trajo” a Jesús, es decir, lo acercó para que él mismo le conociese.

Luego hay un episodio en el que Jesús llama a un tal Felipe a que vaya tras él. Seguro que Felipe había escuchado hablar de Jesús, porque Juan nos dice que vivía donde Andrés y Pedro. Aunque no se nos da detalles, Felipe se convenció de lo extraordinario de su nuevo maestro para considerarlo también como Mesías y presentarlo así a Natanael. Cuando Natanael tiene dudas, Felipe utiliza la misma estrategia que Jesús (Felipe aprendía rápido) e invita a su amigo con las palabras “ven y ve” (Jn 1:46).

El encuentro entre Jesús y Natanael nos resulta extraño, parece que Jesús conoce algo de la intimidad de Nanael que no se nos revela, pero éste se queda sorprendido y no le queda ninguna duda de que la persona que tiene delante no es un hombre cualquiera.

Presentemos a Jesús

Meditando en estos encuentros, quiero proponer algunas pautas que podemos tener en cuenta y en las que será bueno meditar como ejemplos para nuestras conversaciones:

  1. Habla de Cristo como hacía Juan. Juan dice cosas de él que son retadoras para su tiempo, llamándole el Cordero de Dios, quien podía dar solución a los problemas de su mundo y del nuestro. ¿Cómo es eso posible en este mundo en el que hay pocas esperanzas de solución? “Ven y ve”.
  2. Aprendamos a fomentar la curiosidad sobre la persona de Jesús:¿qué tiene de interesante y provocador? Puede que la cuestión no es tanto convencer, sino hacer que otros se sorprenda de cómo es él y tengan en su mente la idea de que Jesús, de verdad, es un ser humano “fuera de serie” (en el sentido original de la expresión). Esto va más allá de hacer una presentación bíblica que demuestra que es Dios. “Ven y ve”.
  3. Comprueba, descubre por tí mismo. El esfuerzo por convencer conlleva una reacción de defensa por parte de quien nos escucha. Puede que tengamos que dejar a un lado esta práctica y más bien hacer pensar y favorecer  a que sea el propio Cristo quien hable con él. En todos estos encuentros que hemos visto en Juan 1, es siempre Jesús quien finalmente cautivó o impresionó a su futuro seguidor. 
  4. Tanto ver como traer son verbos de movimiento. La pasividad no lleva a nadie a los pies de Cristo. Tanto nosotros que somos sus alumnos, como quienes no han escuchado hablar de Él tienen que tener la oportunidad de acercarse. Las conversaciones que tenemos deben provocar ese movimiento, tomar la  decisión de buscar y conocer más.

Una vez que la persona se encuentra con Jesús, la responsabilidad ya no está en nuestras manos y lo que suceda  puede ser sorprendente. Y estaremos al lado, ahí, viéndolo y acompañando a una persona por el camino que ya hemos cruzado.

¿Y cómo acercamos hoy a otros hasta  Jesús? El camino son las historias que tenemos en los evangelios. Animarlos  a que lean la forma distinta que Jesús tiene de hablar y vivir la vida, de tratar a los demás, de enseñar, el mensaje de la gracia, etc.. Eso significa que tenemos que  empaparnos de estas historias para contarlas.  También podemos ofrecer leerlas juntos y discutirlas.

¿Hemos ido y visto?

Claro que a lo mejor nosotros mismos aún no lo hemos hecho. Quizá, de tanto escuchar las historias de Jesús, éstas han dejado de sorprendernos y no somos capaces de encontrar a Cristo en los evangelios. Tendremos que dejar a un lado lo que suponemos que es Cristo y acercarnos y observar qué hay de sorprendente en lo que hizo y dijo. Si es así, el mensaje sigue vigente para nosotros mismos: venid y ved.

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