11 Y respondiendo Booz, le dijo: He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes. 12 Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte.
Rut 2:11-12

Se busca honra, se recibe humillación

¿Es posible compatibilizar la realidad de que somos pecadores, débiles e imperfectos con la posibilidad de honrarnos unos a otros? En nuestro día a día escuchamos o pronunciamos continuamente desprecios hacia quienes se les considera incompetentes, malvados o inferiores a nosotros. Mayormente hacia quienes hacemos responsables de las condiciones injustas en la sociedad.

Cada uno de nosotros, a su vez, somos el blanco de los desprecios de otros por nuestro carácter, limitaciones o por algo que hayamos hecho o dejado de hacer. Y no pocas veces somos los que nos despreciamos a nosotros mismos.

Motivos de honra

El libro de Rut es deslumbrante por cómo se tratan entre las tres personas principales del relato. Noemi y Rut honran a Booz y Booz hace lo propio hacia la conducta de Rut. Además, la forma de saludarse entre Booz y sus trabajadores resalta el respeto que se tienen mutuamente: “Jehová sea con vosotros”. Y ellos le respondieron: “Jehová te bendiga”. (Rut 2:4).

¿Cuál era el contenido de sus palabras cuando se honraban? Lo hicieron por las buenas elecciones, y por haber tratado bien a los que le rodeaban, por ser misericordiosos, por no ser egoístas y reconocerse unos a otros (Rut 2:11-12; 2:20; 3:10-11).

Vuelvo a preguntarme: ¿cómo es posible esto ante la verdad del evangelio de que somos personas pecadoras? En el libro de Rut no está todo lo que sabemos sobre cómo es posible que lleguemos a ser personas honrosas, pero hay algo interesante: se reconoce la mano de Dios detrás de ello. Todo ha sido posible porque la bendición de Dios se manifiesta en cada persona (2:12; 3:10). Y por tanto, honrarnos resulta en gloria para Dios mismo.

El orgullo y la honra

Uno de los temores que tenemos a la hora de dar y recibir honra es alimentar nuestro ego y orgullo. Y es cierto que puede darse el caso. Pero también podemos tener en cuenta tres verdades que nos ayudarán a que no suceda:

  • como hemos visto, se reconoce continuamente la mano de Dios detrás de quienes somos y qué hemos elegido;
  • se honran aspectos del carácter que tienen que ver con la humildad, la entrega y la renuncia (y no habilidades o destrezas);
  • la honra que se da proviene de la gracia, el amor y la consideración del otro, lo que sirve de ejemplo para otros hagan lo mismo y cumplir así lo que Pablo enseñó (Rom 12:10).

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